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Mensaje de fin de curso

By Erik Johansson

Estimados alumnos:
Lorena Acosta Hernández, Valentina Acosta Rivas, Sara Cabrera Escontrela, Alí Campo Villegas, Patricia Carrasco Rengel, Emily Castro Roa, Nohelany Chávez Jiménez, Johanna Contreras Cantillo, Katherine De Abreu Sá, Ángel Alejandro Díaz, Jorge Faroh Chávez, Stephanie Finlay Damiani, Raquel García Benarroch, José Alejandro García Rivas, Valentina Gómez Rivera, Marco Antonio Gómez Salazar, Lorena González Díaz, Ninoska González Luces, José Antonio Guadamo Hernández, Valeria Gullo Porco, Rabsaris Hernández Quintero, Paola Lauriola González, Mónica Mancin Vicent, Carlos Martí Granadillo, Johanna Martínez Bravo, Freddy Medina Baroni, Deinelly Moreno Bolívar, Yeliana Moreno López, Claudia Ortiz Sánchez, Yesenia Parasole Peraza, Carolina Peña, Alejandro Pinto Rondón, Belismar Primera Veracierta, Sasha Rangel Arvelo, Adriana Romantini León, María Salegui D’ Leon, Miguel Sierra Rivas, Estefany Vallenilla Gutiérrez, Maryualy Villarreal Moreno, María Alejandra Zapata Soto.

Compartir con ustedes durante este curso académico 2014-2015 ha sido para mi una experiencia enriquecedora.

Como ahora saben, la Filosofía del Derecho, siendo una rama de la Filosofía, es, sin embargo, omnicomprensiva y multidimensional. Por su criba de reflexión metódica y crítica desfilan todas las ciencias jurídicas y aquellas otras vinculadas a éstas, cuyos puntos de partida y de llegada coinciden indefectiblemente en el hecho social y el comportamiento humano.

Si en ocasiones se preguntaron de qué les serviría estudiar esta materia, confío en que al cabo de nueve meses de estudio, análisis y debates, hayan obtenido por su propio esfuerzo una respuesta satisfactoria que justifique su importancia.

Enseñar no consiste únicamente en transmitir algunos conocimientos, por cierto siempre insuficientes debido a las limitaciones de tiempo, a ciertas circunstancias imprevisibles y a la imposibilidad de estudiar a plenitud cada tema. Enseñar es también aprender, y durante este periodo muchas cosas buenas he aprendido de cada uno de ustedes, por lo que les estoy especialmente agradecida.

Mi mayor deseo es que todos aprueben con las mejores calificaciones y los próximos dos años de carrera se dediquen con interés y disciplina a estudiar para saber, no sólo para pasar. Recuerden lo que les he dicho acerca de la fragilidad de la memoria. El Derecho es lógica y razonamiento.

El mundo es un círculo cromático y de un color a otro hay decenas de matices, por lo tanto, procuren negociar en situaciones de conflicto; consideren que, en ocasiones, ceder puede ser una forma de ganar. Asuman el éxito sin ser vanidosos y acepten la victoria de la contraparte no como una derrota, sino como una lección acerca de lo que deben mejorar. No teman cuestionar afirmaciones aparentemente sólidas si pueden probar que no lo son. Defiendan sus ideas con argumentos tan bien armados que sean irrebatibles; ataquen sin ofensas la postura del otro y rechacen con elegancia sus provocaciones.

Cultiven el hábito de la lectura, porque el arma más importante del abogado es la palabra. Enriquezcan su vocabulario para que puedan expresarse con propiedad, utilicen adecuadamente los términos jurídicos, ejerciten la oratoria inclusive en sus conversaciones cotidianas, escriban en más de ciento cuarenta caracteres, pero eviten el exceso insustancial, desarrollen su propio estilo de redacción, huyan de los ogros ortográficos, manténganse siempre bien informados, lean a los clásicos y a los contemporáneos, lean sobre todos los temas posibles, porque el abogado debe destacarse no sólo por su inteligencia y habilidad, sino por su cultura. Lean siempre, a cualquier hora, en cualquier lugar. Leer es abrir la puerta más grande que existe y descubrir otras maneras de ver el mundo, entender a las personas y disfrutar la vida.

Y por encima de todo, cuiden su nombre, que ninguna acción u omisión lo enturbie, que ninguna flaqueza lo deshonre, que ningún adjetivo lo destruya.

Dios los bendiga.

Liliana Fasciani M.

Caracas, 26 de junio de 2015

Discurso del P. José Del Rey

P. José Del Rey, s.j.

El Padre José Del Rey Fajardo, exrector-fundador de la Universidad Católica del Táchira, académico de la Historia, actual Director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello, ocupará el sillón “A” como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua.

Compartimos con nuestros lectores su Discurso de Incorporación, intitulado La República de las Letras en la Babel étnica de la Orinoquia.

A la amistad y el aprecio con que nos honra desde hace varios años, retribuimos humildemente con especial afecto y admiración por su larga y fructífera trayectoria intelectual a través de la investigación. El Padre Del Rey ha enriquecido nuestro acervo nacional con obras de envergadura como los seis volúmenes que conforman Los jesuitas en Venezuela, y una extensa producción bibliográfica que supera la centena entre libros, capítulos de libros, artículos en revistas y otros textos.

Valioso aporte de una vida dedicada con vocación y disciplina al estudio de la Historia y la Lingüística, pero sobre todo, como él mismo lo expresa en su discurso, «a la promoción del hombre y de todo el hombre a través de la ciencia y la cultura en las tierras tachirenses».

Para quienes la docencia es un apostolado y la investigación el más noble oficio, la obra de un erudito como el Padre Del Rey, cuya excelencia se revela en la amenidad de su conversación, en la que siempre nos deja una enseñanza, y por supuesto, en cada uno de sus trabajos, es un estímulo y un modelo digno de seguir. Ese estímulo es, a la vez, un desafío cuando se piensa en el tiempo de encomiable esfuerzo concentrado en la soledad de la biblioteca y del estudio, recopilando, clasificando, seleccionando, depurando cantidad de información, leyendo y releyendo, llenando fichas, tomando notas, elaborando borradores, intercambiando puntos de vista con otros colegas, ratificando datos, corrigiendo errores, ordenando las ideas en las repisas mentales, volcándolas luego en el papel, cuidando el estilo, espantando a los duendes desastrosos que aprovechan un descuido para deslizar palabras a su antojo…

Son muchas horas de cada día y muchos días de largos meses, inclusive años, los que se invierten en este apasionante proceso, con el único fin de crear una obra, por modesta que sea, cuyo contenido signifique una contribución a las Letras, a la Historia, a la Ciencia o a la Cultura. La enjundiosa labor del Padre José Del Rey, comprometido sin dobleces con «la libertad de la palabra», es una inspiración para nosotros, y nos sentimos orgullosos y felices por su más que merecido nombramiento. ¡Enhorabuena!

Bibliografía del Padre José Del Rey Fajardo

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